Soledad, cómo disfrutarla

Hoy en día, con una sociedad tan individualista como la nuestra, la soledad se impone en muchos periodos de nuestra vida. Es por ello, que aprender a tolerarla, para más tarde poder incluso llegar a disfrutar de nuestra “parcela de soledad” se ha hecho necesario para nuestras mentes y, a veces, las personas que no aprenden a desarrollar esa capacidad, sufren de más por una soledad, en su mayor parte, impuesta por las normas de hoy en día.

La soledad, inherente en nuestras vidas

En primer lugar, debemos entender que la soledad en nuestras vidas es, hasta cierto punto, algo que es normal y que debemos intentar aceptar. Nacemos y morimos solos y, por circunstancias de nuestro ciclo vital, muchas veces pasamos por momentos en los que la soledad se hace la protagonista en nuestras vidas. No por ello la vida merece menos la pena ser vivida, o es peor, es nuestra interpretación sobre la misma, y tal como enfoquemos las cosas y desarrollemos nuestras capacidades cognitivas (esto es nuestras armas para lograr enfocar objetivamente la situación al menos), dependerá de nuestra asertividad, incluso de nuestro optimismo, el convertir una desventaja o problema, en algo que podemos tolerar, e incluso llegar a disfrutar.

Pero, ¿Por qué unas personas parecen disfrutar de su soledad mientras que otras, simplemente “la padecen”?

Hay que entender que no es lo mismo, la soledad elegida (en la que cada uno libremente escoge su tiempo para “disfrutarlo” en sí mismo), que una soledad impuesta u obligada, en la que la soledad nos suele pillar desprevenidos y es algo con lo que tenemos que “cargar” o lidiar de la mejor forma posible.

¿Soledad autoimpuesta u obligada?

Cuando la soledad nos viene impuesta, el primer paso para lograr desarrollar una situación de menor sufrimiento es intentar entenderla. Es decir, intentar que no se convierta en algo personal, de nosotros mismos, para no correr el riesgo de victimizarnos, con lo que nuestro sufrimiento puede verse incrementado. Si logramos ver la soledad como algo “externo a nosotros” y puntual, la soledad como algo momentáneo que pasará, será mucho más fácil empezar a dominar nuestro sentimiento de rechazo hacia ella porque nos parecerá menos amenazadora. Al ser, la soledad, algo que, seguro sabemos, pasará, se hace más soportable, no tan amenazadora, con lo que la podemos abordar mejor.

Una vez llegados a este punto es más fácil desarrollar alternativas para disfrutar de esa soledad pasajera (porque no habremos bloqueado nuestras capacidades cognitivas presas del miedo, como anteriormente hubiera podido pasar, al sabernos víctimas de la situación y entenderla como incapaz de ser cambiada o modificada).

Ahora entendemos que, aunque no podemos cambiar el hecho de esa soledad pasajera, podemos modificarla para que nos resulte más fácil de llevar, menos pesada, más “amena”.

Además, debemos asumir, en un ámbito más general, que, muchas de las cosas que nos pasan en la vida, si somos capaces de aprovecharlas, podemos aprender de ellas. Y la soledad no es una excepción. Puede servirnos para conocernos mejor. Puede ayudarnos a desarrollar nuestra paciencia. Incluso puede que sea el empuje necesario para aprender a relativizar más todo y conseguir una mayor felicidad general en nuestras vidas.

En resumen, si la soledad te ha venido impuesta y solo tienes la opción de “acatarla”, al menos de momento, intenta darle una oportunidad porque puede ser el detonante que necesitabas para el crecimiento de ti mismo como persona y, posiblemente, descubrir una parcela de tu vida que no conocías y de la que puedes aprender y disfrutar como nunca te lo habías planteado.

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